Cierre temporal del Café del Norte para celebrar su 150 cumpleaños

El periódico “El Mundo” recoge el 150 aniversario del Café del Norte, para la reforma. Que ni los habituales parroquianos, ni los clientes de paso se alarmen…

Que ni los habituales parroquianos, ni los clientes de paso se alarmen cuando posiblemente este martes vean que el Café del Norte, el más antiguo establecimiento de Valladolid, ha echado el cerrojo. Se trata de uncierre temporal de varios meses, para poder acometer una profunda reforma acorde con los nuevos tiempos y con el deseo de celebrar su 150 aniversario, como realmente merece esta efeméride a la que muy pocos locales de este sector han podido llegar en nuestro país.

La reforma hará más diáfano el local, abriendo unos arcos al antiguo callejón de Torneros, así como un pequeño patio en el espacio, actualmente inutilizado, del fondo del establecimiento. Además de los cambios estructurales, la empresa tratará de recuperar en mobiliario y decoración el estilo original de la época dorada del Café.

Una reforma importante para un café cargado de historia, y que nacióvinculado a la llegada del ferrocarril a Valladolid en 1859. El tren fue la clave del gran impulso que atrajo a capitales de otras provincias españolas e incluso extranjeros, a establecerse en nuestra capital. Precisamente por esa vía, en 1861, el matrimonio formado por don José Gómez y doña Juana Sigler, oriundos de la Vega del Pas, en Cantabria, llegó a orillas del Pisuerga con el propósito de abrir un negocio, sin tener muy claro qué era lo más conveniente para sus intereses.

Pero independientemente de las ricas decoraciones que diseñó el pintorMartí y Monsó, el Café del Norte ofrecía otros muchos atractivos a sus distinguidos clientes, entre los que figuraban políticos, artistas y gente de letras, como su vecino Emilio Ferrari, sin olvidar a los labradores que acudían a las ferias septembrinas para cerrar tratos, gastar unos duros en espectáculos y casas de comidas, y escuchar alguno de los conciertos que en el templete de la Plaza Mayor ofrecían las bandas de los Regimientos de Isabel II o Toledo.

Después de la Guerra Civil, el señor Castro, natural de la localidad salmantina de Aldeavieja de Tormes, terminó comprando el local a la familia Gómez Sigler y, con buen ojo para los negocios, mantuvo la tradición de los conciertos en la terraza mientras que dio al interior una nueva orientación, convirtiéndole en un café cantante de enorme éxito, con funciones en las que las canzonetistas jóvenes, guapas y ligeritas de ropa llenaban el local a todas horas, ya que había pases de tarde, vermouth y noche. Francisco Umbral, cliente habitual, recogió magistralmente en varias de sus novelas la atmósfera de aquellas veladas del Café del Norte.

Mantuvo el café sus clásicas tertulias con futbolistas, ya que el Real Valladolid estableció en el local de la calle Santiago su sede social durante la temporada 1945-46 por la simbólica cantidad de 1 peseta; toreros de plata, banderilleros, peones, picadores y capitalistas; pintores como Capuletti, algunos de cuyos cuadros se sorteaban con el ticket de la consumición; artistas de teatro, cuando venían a Valladolid con sus compañías para actuar en Calderón, Lope de Vega o en el vecino Zorrilla, así como toda suerte de gentes de paso, que al llegar al centro de la ciudad entraban irremediablemente en el emblemático Café del Norte.